¡ ¡ JESÚS DIJO: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Jn 11,25)! Blog de Hna Soledad Ortiz Trebejo: 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

¡Todos podemos ser los curadores de la vida!

"Manos dispuesta para curar y corazón para sanar"

Este trabajo está dirigido a todas las personas que trabajan en el campo de la salud, pero en especial “a los reflexólog@s” con quienes trabajamos incansablemente para devolverles la salud a tantas personas que se nos acercan a diario. Al ejemplo de Jesús con esta terapia tratamos de buscar el bienestar de los enfermos de manera holística acogiéndoles, escuchándoles y dialogando con ellos para responder a sus necesidades.
Mi Congregación tiene como uno sus carismas la salud, el cuidado a los enfermos, el trabajo que realizamos nos identifica con el de Jesús curador, porque a través de la reflexoterapia, ayudamos a recuperar la salud tanto física, emocional y espiritual.

             JESUS,  EL CURADOR DE LA VIDA


             



Antes de empezar a desarrollar el tema en sí, les presentaré un poco sobre cultura y la vida de los enfermos de la época de Jesús en la región de Galilea, para que nos ayude a ubicarnos en su contexto. La vida de los enfermos era muy triste, muchas de las enfermedades que padecían eran vistas incurables y contagiosas. Por lo tanto, los enfermos eran abandonados a su suerte e incapacitados para ganarse el sustento; sobrevivian en una situación de mendicidad de la miseria y el hambre.
La enfermedad no era vista solo como un hecho biológico de un dolor fisico. Sino que también era vista como una incapacidad de ser hijos de Dios, porque creían que la enfermad era como una maldición. Se sentían indignos, culpables y pecadores frente a la sociedad. Justamente esa era la desgracia de los ciegos, sordos, cojos, tullidos, leprosos etc. Ellos eran considerados el último entre los últimos, por eso tenían que vivir excluidos y aislados.  En aquel tiempo también había muchos curanderos famosos para ayudar a aliviar a los enfermos, pero el estilo de Jesús era único. Jesús les ofrecía gratuitamente la salud,  el perdón, la paz y la bendición de Dios y con ellos una salud integral.

·         La curación de Jesús fue holística

Las curaciones que Jesús realizaba eran integral y no solo se trataba de la salud física sino le devolvía la salud completa tanto física,  psicológica y espiritual. Junto  a Jesús, los enfermos recuperan la salud, los poseídos por el demonio eran rescatados de su mundo oscuro. Él los integraba en una sociedad nueva, más sana y fraterna, mejor encaminada hacia la plenitud del reino de Dios.
Lo que Jesús buscaba, antes que nada, entre aquellas personas no era reformar su vida religiosa, sino ayudarles a disfrutar de una vida más sana y más liberada. Así la actividad de Jesús fue mucho más allá de las curaciones milagrosas que se narran en los evangelios.
El carácter holístico de la actividad sanadora de Jesús se puede ver en el caso como por ejemplo del relato del paralítico. Jesús le sana diciendo algo sorprendente: “Tus pecados te son perdonados”, y después: “Levántate y anda”. Es obvio aquel hombre  sufría un grave complejo  de culpa que había paralizado todo su cuerpo. Una vez que Jesús le asegura que sus pecados son perdonados y que no tiene que sentirse culpable  de nada, puede levantarse y echar a andar. Jesús no se preocupa solo de su mal físico, sino también de su situación de impotencia y humillación a causa de la enfermedad. Por eso los enfermos encuentran en él algo que los médicos no aseguraban con sus remedios: una relación nueva con Dios que les ayuda a vivir con otra dignidad y confianza ante él.
Su palabra es clara todos la pueden escuchar y entender. Jesús comienza por reavivar la fe de los enfermos. En el evangelio encontramos la acción curadora de Jesús que les dice a los enfermos: No temas,  ten fe; todo es posible para el que cree; hijo mío, tus pecados te son perdonados. La fe pertenece, pues, al proceso mismo de la curación. Jesús no cura para despertar la fe, sino que pide fe para que sea posible la curación.

·         Jesús cura gratuitamente por amor y misericordia

Es interesante ver la actitud de Jesús frente a los enfermos necesitados, Él actuaba movido por su amor compasivo y misericordioso.  Y  nunca movido por intereses económicos. Él siempre curaba de manera gratuita.  Este carácter gratuito resultaba sorprendente y atractivo. No buscaba nada para sí mismo, ni siquiera que los enfermos se agreguen a su grupo de seguidores. La curación que suscita la llegada del reino de Dios es gratuita, y así la tendrán que regalar también sus discípulos. Este carácter gratuito resultaba sorprendente y atractivo. Todo el mundo podía acercarse a Jesús sin preocuparse de los gastos.
Dios ama incondicionalmente y perdona  los pecados de todos con la misma gratuidad. Esta era  la fe inquebrantable de Jesús. Él decía a la gente que Dios perdona los pecados incondicionalmente. Jesús no decía “yo te perdono” sino tus pecados son perdonados.
El perdón universal y gratuito es presentado con gran belleza en el relato de la mujer que está a punto de ser apedreada por adulterio por parte de la muchedumbre de varones. Jesús le dijo tampoco yo te condeno, es un lindo gesto que debemos de aprender también nosotros a no adelantarnos a juzgar a los demás.
Jesús no se limitó a aliviar el sufrimiento de los enfermos y endemoniados, sino que dio a su actividad curadora una interpretación trascendental, ve en todo ello signos de un mundo nuevo.
El reino es la respuesta de Dios al sufrimiento humano. La gente más desgraciada puede experimentar en su propia vida signos de un mundo nuevo en el que, por fin, Dios vencerá al mal.

·         Jesús cercano y humano

Jesús se acercaba y les escuchaba a los que se consideran abandonados por Dios, tocaba a los leprosos que nadie les había tocado, despertaba la confianza en aquellos que no tenian acceso al templo y los integraba en el pueblo de Dios tal como Él lo entiende. Estos tienen que ser los primeros en experimentar la misericordia del Padre y la llegada de su Reino.
Su curación es la mejor parábola para que todos comprendan que Dios es, antes que nada, el Dios de los que sufren el desamparo y la exclusión. La amistad de Jesús tuvo un efecto sanador  sobre las personas. Jesús es muy  humano en sus relaciones con las personas y su cercanía incondicional. Muchas personas lo amaron, porque actuaba siempre por amor, se acercaba a la gente más pobre para darle su ayuda y su amor.
Jesús tenia su estilo propio para curar. Lo hacía con la fuerza de su palabra y los gestos de sus manos. Jesús hablaba con el enfermo y le manifiestaba su voluntad de que quede curado. Otras veces imponia sus manos  en un gesto de bendición para envolverlo con la bondad amorosa de Dios. En otras ocasiones extendia su mano y los tocaba, para expresarles su cercanía, acogida y compasión.

·         Curar es una forma de amar

El amor los sanaba de todo, por eso que Jesús cuando se acercaba a una persona lo hacía con mucho cariño, los trata personalmente y le devuelvía la dignidad del ser como hijo de Dios.
Para Jesús, curar era su forma de amar. Cuando se acercaba a ellos para despertar su confianza en Dios, liberarlos del mal y devolverlos a la convivencia, Jesús les está mostrando, antes de nada, que son dignos de ser amados.
Jesús sufre al ver la enorme distancia que hay entre el sufrimiento de estos hombres, mujeres y niños hundidos en la enfermedad, y la vida que Dios quiere para sus hijos e hijas. Lo cierto es que Jesús contagiaba salud y vida.


                            APRECIACION PERSONAL


“No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan. (Lc 5,32)”  ¿Quién está sano ante Jesús?
"Manos dispuesta para curar y corazón para sanar"

Después de lo trabajado y reflexionado sobre  “Jesús  el curador de la vida” ahora quiero presentarles desde la perspectiva de nuestro trabajo como reflexólog@s en nuestra ardua misión de llevar salud a los enfermos. Ya  que al ejemplo de Jesús tratamos de buscar el bienestar de los enfermos acogiéndoles, escuchándoles, dialogando con ellos para curarles de manera holística. El ponerse a los pies  de los enfermos requiere de mucha humildad, paciencia, carisma, esfuerzo y sobre todo mucho amor y cercanía con ellos. Lo que hacemos con la reflexología es ayudar a los enfermos para que recuperen la salud y se curen. Justamente lo que hacemos es ponernos a los pies de los pacientes para estimular los puntos reflejos del organo enfermo para liberarles de sus dolencias.
Lo importante de esta terapia  es aprender del gran maestro Jesús, el curador de la vida, que pasó por este mundo haciendo el bien. Él se preocupó no solo por curar la salud física, sino de la integridad de la persona. Nosotros somos solo instrumentos de Dios para seguir curando la vida de tantas personas que acuden a nosotros. Algunos, porque padecen dolores físicos o espirituales, otros porque han perdido el sentido de la vida y las ganas de seguir viviendo. Muchas veces es la cercanía, la escucha, un gesto de cariño, una sonrisa que les ayuda a ponerse de pie y seguir caminando al igual que el paralítico.
JPrecisamente, la terapia que Jesús puso en marcha fue su propia persona es decir su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo o enferma, su fuerza para regenerar a la persona desde sus raíces, su capacidad de contagiar su fe en la bondad de Dios. Su poder para despertar energías desconocidas en el ser humano creaba las condiciones que hacían posible la recuperación de la salud. Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades, Él sana la vida enferma. No se queda ahí. Jesús los libera de lo que le bloquea su vida y la deshumaniza.
Es increíble lo que Jesús hizo hace más de 2000 años también seguimos practicando nosotros los reflexolog@s  despertando al médico interior para que les cure. El ser humanos que es imagen y semejanza de Dios tiene la capacidad interior de curarse, solo que muchas veces esta energía se encuentra bloqueada. Jesús sigue curando a las personas través de nosotr@s solo tenemos que estar dispuestos y dispuestas a dejarnos guiar por Él, para que seamos buenos reflexólog@s  al estilo de Jesús el curador de la vida.  

Por: Hna. Soledad Ortiz Trebejo





BIBIOGRAFÍA

1.      Biblia Latinoamericana.
2.      José Antonio Pagola, Jesús Aproximación histórico,
3.      Albert Nolan “Jesús, hoy”: una espiritualidad de libertad,

domingo, 14 de abril de 2013

Desayuno con el Resucitado


Evangelio según San Juan 21,1-19.
 

Después de esto, nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Na tanael, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.»
Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuer zas para recogerla por la gran cantidad de peces.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.»
Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca —de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces. Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red. Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.
Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»
Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.»
Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.
En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.»
Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió:Sígueme.



REFLEXIÓN: DESAYUNO CON EL RESUCITADO
“La noche de las frustraciones”,  Jesús es quien se aparece en medio de nuestra vida cotidiana.  Al comienzo la reunión para los discípulos  es más infructuosa.  Sufren   la futilidad de toda obra. Es una experiencia  que muchos padecen hoy día tienen la sensación de que de que todo es en vano inútil  se frustran y se decepcionan, porque ya nada tiene sentido para ellos.la pregunta de: ¿para qué esforzarse, para qué trabajar? Este sentimiento de inutilidad nos roba la energía que necesitamos para vivir y nos enferma.
En esa mañana gris de la frustración y el desconsuelo. Aparece Jesús. “Cuando ya amaneció  estaba Jesús a la orilla” Los discípulos no lo reconocen, pero Jesús toma contacto con ellos. Les pregunta: “Muchachos ¿no tenéis pescados?  Les da la orden a echar la red a la derecha, a pesar de que los discípulos tienen suficiente experiencia en la pesca, arrojan la red de nuevo obedeciendo a la palabra de Jesús. Y de hecho casi no podía recogerla por lo repleto de pescados y el discípulo reconoció a Jesús y le dijo a Pedro: “ES EL SEÑOR”. Esta experiencia es posible para todos en que podamos reconocer al Señor en nuestra vida cotidiana en medio de los fracasos y éxitos. Hoy intentemos  reconocer al Señor en nuestro interior y para poder exclamar como el discípulo amado “ES EL SEÑOR”.
En cada Eucaristía Jesús surge de la otra orilla. El resucitado mismo se nos aparece en cada Eucaristía y nos invita: ¡Venid y comed¡
En la triple pregunta de Jesús a Pedro no se trata solamente para aquel que conducirá a la Iglesia, sino que es la pregunta para todos sobre nuestro amor a Dios.

domingo, 7 de abril de 2013

Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»


Evangelio según san Juan 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor


DE LA DUDA A LA FE
 
El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.

Por eso, todos sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: “Hemos visto al Señor”. Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: “Si no lo veo… no lo creo”.

Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.

Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.

Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.

Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le muestra sus heridas.

No son “pruebas” de la resurrección, sino “signos” de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: “No seas incrédulo, sino creyente”. Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: “Señor mío y Dios mío”.

Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que constituye el núcleo de nuestra fe.

 (Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola)

domingo, 31 de marzo de 2013

¡ALELUYA! Cristo vive en nuestros corazones para siempre.


Santo evangelio según San Jn (20,1-9)
 
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.  Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

                                                                                                                          
  REFLEXIÓN:
La semana Santa tiene su razón de ser en cumbre de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo como nos lo presentan en el evangelio de hoy. 

María Magdalena es movida por su corazón, por ese amor que le tiene a Jesús. Por eso no podía esperar y aguardar hasta la llegada del nuevo día. Fue al sepulcro cuando aún estaba oscuro. Vio la losa quitada del sepulcro,  vacío, y corrió a anunciar a los apóstoles a Simón Pedro y al otro discípulo Juan. Ellos fueron, vieron y creyeron. Interesante que junto a María Magdalena son las mujeres quienes son las primeras evangelizadoras.
Hoy sea para todos los cristianos un inicio de  una vida renovada, como Cristo pasemos de la muerte a la vida de todo aquello que no nos dejan vivir en plenitud. Muchas veces nos tocará ser crucificados, víctimas, burlados, menospreciados, pero sabremos ser pacientes y perseverantes hasta el final, porque la última palabra no tiene la muerte sino la vida.  Existen muchos rostros sufrientes en nuestro mundo por diversas causas y circunstancias de la vida como por ejemplos algunos de nuestros campesinos, los pobres, las mujeres, los enfermos, los que han perdido el sentido de la vida, los ancianos, los encarcelados, los que han perdido a sus seres queridos, los abandonados etc y podemos seguir aun nombrando mucho más. Pero ccualquier sufrimiento que sea con Cristo adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que estaremos gozando con Dios para siempre.

Actualmente los discípulos de Jesús  mujeres o varones estamos llamados a ser testigos de la resurrección de Jesús. Testigo con nuestra coherencia de vida, de alegría, esperanza, paz, amor, fe y constancia hasta el final por una causa justa. Ahora somos nosotros los que en el siglo XXI tenemos que correr a  anunciar a Cristo al mundo, a nuestra familia, a nuestros amigos, a la sociedad etc. Los cristianos no sólo debemos ser buenas personas, sino además testigos de la resurrección de Cristo, con nuestra con nuestra coherencia de vida.

 

 

 

domingo, 24 de marzo de 2013

El Domingo de Ramos abre el pórtico de la Semana Santa!

Hoy celebramos una Eucaristía marcada por dos peculiaridades: por una parte, la aclamación a Jesucristo, que empieza su misterio pascual y al que nosotros reconocemos ya como Señor; por otra, la contemplación del camino de este Señor que aclamamos, un camino que es de dolor y de abandono, el camino de la cruz. De hecho, pues, podríamos decir que hoy contemplamos la pasión del Señor con la fe de los que creemos en su resurrección. Seguimos a Jesucristo, porque creemos que de su muerte, su entrega, nace la Vida.
Ante el misterio de la pasión y muerte del Señor hemos de situarnos en una actitud interior contemplativa. La Semana Santa es un tiempo propicio para aprender a permanecer con la Virgen María y San Juan, el discípulo amado, junto al Señor, que en la cruz consuma el sacrificio de su vida por toda la humanidad. Con una mirada de fe como la de María que guardó en su corazón aquello que no entendía.



domingo, 17 de marzo de 2013

“El que no tenga pecado que tire la primera piedra"


Del Evangelio según san Juan 8, 1-11


En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

REFLEXIÓN:

Hoy quinto domingo de cuaresma el Señor nos sigue enseñando su amor y misericordia infinita a través del “pasaje de la mujer adultera” que es perdonada y amada incondicionalmente por Jesús.
Los fariseos buscan acusar a Jesús para condenarlo le  presentan a una mujer sorprendida en adulterio. La respuesta de Jesús es clara ante la hipocresía de los fariseos. Jesús no se escandaliza ni pone el grito en el cielo porque "esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. Él no le condena, sino que le perdona y no sólo la perdona, sino que la comprende, la acoge, la defiende. Él calla. Se mantiene sereno. Finge no oír las acusaciones. Se inclina y escribe en la tierra como para hacerse el desentendido. Hace la vista gorda y parece no ver ningún mal, Perdona, Comprende las miserias humanas.
Jesús permanece en su postura humilde, discreta, como para no humillar ni poner a nadie en evidencia, a pesar de que los acusadores sí que lo hacen. Jesús deja que sean ellos mismos quienes se desenmascaren delante de Dios y de su propia conciencia. Jesús sabe responder a las acusaciones con estas palabras sabias: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra".
Lo más triste y penoso de estos fariseos es que, además de acusar a esta mujer, querían aprovechar esta ocasión para poder acusar y condenar a muerte al mismo Jesús, pero Él no cayó en sus trampas.
Jesús le dijo a la mujer: "Pues tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más". ¡Qué maravillosas palabras de Dios! Jesús era el único que, en justicia, podía condenarla, porque Él no tenía pecado. Y, sin embargo, su actitud es de inmensa piedad y compasión, de ternura y misericordia hacia esa pobre mujer: "Vete y no peques más". Todos somos pecadores y lo más triste y cruel es cuando nos empeñamos en ser tan duros con los que caen. 

Hoy como compromiso ojalá podamos decir en el interior del corazón las mismas palabras de Jesús: “Tampoco yo te condeno”

 

domingo, 10 de marzo de 2013

IV domingo de curesma_el padre misericordioso


DEL EVANGELIO DE   (LC 15,1-3. 11-32).
 

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola:

"Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y Ilamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.

El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN:

“Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”.

! Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido!
 

Nos encontramos en el cuarto domingo de cuaresma y el Señor nos sigue mostrando su misericordia infinita para todos nosotros  a través de la imagen del hijo pródigo o mejor dicho a través de la parábola del  padre bueno y misericordioso. Esta parábola es muy rica en su mensaje que la podemos reflexionar y aplicar a nuestras vidas de muchas maneras de acuerdo a nuestra realidad unos se identificarán con el padre, algunos con el hijo menor y otros con el hijo mayor.

Conozcamos a los diferentes personajes:

1.      El Padre misericordioso: Es el que espera con ansias a su hijo que se ha ido de casa. Anhela el regreso de su hijo y cundo lo ve corre a  abrazarle y celebra el regreso de su hijo. Lo acoge con amor y cariño no le reprocha. Le comprende sus faltas y lo acoge tal como es.

·         Tiene compasión

·         Corre a dar la bienvenida a su hijo

·         Lo abrazó y lo besó a su hijo perdido.

·         Ordenó matar el becerro más gordo para celebrar su regreso.

·         Pidió sacar el mejor vestido.

·         Mandó poner un anillo en su mano y calzados en sus pies.

·         Su trato es tierno con ambos hijos.


2.      El hijo Menor: Todos somos el hijo pródigo. A veces reclamamos independencia, autonomía y libertad. Y se nos olvida quien es el Padre y cuanto nos ama, que de él lo hemos recibido todo. Y cuando nos apartados de Dios sentimos un gran vacío interior que solo lo llenaremos volviendo a Él nuestro Padres Dios fuente de todo amor, de perdón y de misericordia. Nuestra actitud frente al pecado y el alejamiento de Dios tiene que ser como de este hijo arrepentirnos y decir: “Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Ser valientes para pedir perdón y regresar a la casa del Padre que siempre nos espera sin cansarse.

·         Deseaba estar libre de restricciones familiares

·         Deseaba tener la herencia de su padre "ahora".

·         Quería ser independiente.

·         Pasó hambre y calamidades fuera de su padre.

·         Confesó rápidamente su pecado, y su indignidad para ser llamado un hijo.

·         Fue humilde para reconocer sus faltas y pedir perdón.

 

3.      El hijo mayor: A veces somos el hermano mayor que no sabemos apreciar la bondad de nuestro Padre. Vivimos con nuestro padre obedeciéndole en todo por miedo, pero nuestro corazón está muy lejos de Él, porque a veces no aceptamos el pecado de nuestros hermanos y queremos ser los únicos y el centro de atención. ¿Qué podemos hacer ante un hermano pródigo? S.S. Benedicto XVI: "Cristo invita a responder al mal ante todo con un serio examen de conciencia y con el compromiso de purificar la propia vida”. Aprendamos de Jesús de nuestro hermano mayor que dio su vida para que podamos volver a la casa del Padre. ¿cuán dispuestos estamos para ayudar al hermano que nos ha fallado, estamos dispuestos a acogerlo nuevamente en casa? Abramos nuestros corazones a la gente que comete errores por las circunstancias de la vida, no las juzguemos ni condenemos.

·         Rechaza por celos y envidia a su hermano.

·         Se enojó y se negó entrar a la casa de su padre.

·         Se queja de servirle tantos años.

·         Se resiente y le reclama de todo a  su padre.

·         Y finalmente pudo más su orgullo que no pudo entrar a celebrar con su padre y su hermano.