EVANGELIO DE Lc 13,1-9
En este tercer domingo de Cuaresma, en el evangelio Jesús nos invita a la penitencia y a la
conversión, dicho de otro modo, al cambio de vida.
Jesús es muy claro con la
pregunta que hace y nos hace hoy: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás, porque
acabaron así? La respuesta de Jesús es, ¡Pues no!". Ellos no murieron
porque eran más pecadores que los demás.
La palabra de Dios nos enseña a cambiar nuestra manera
de pensar, nuestras actitudes, nuestros comportamientos frente a las situaciones de dolor. Ante una pérdida de un ser querido, ante una
enfermedad, ante un fracaso, ante el dolor de tener un familiar preso privado
de sus libertad etc. En vez de pensar que es un castigo de Dios por sus pecados
preguntémonos: ¿Qué haría yo si estuviera en su lugar…preso, enfermos, abandonado
etc? nuestra manera de ver cambiaría y nos ahorraríamos de gastar nuestro
tiempo en juzgar prejuiciosamente, porque aquellas personas que se encuentran
en esa situación muchas veces son por las circunstancias de la vida.
Es una invitación que Jesús nos hace a ser
misericordiosos, comprensivos, tolerantes y pacientes, así como nos lo narra en la parábola del
viñador. Cada uno sabrá cómo esta exigencia de cambio se le presenta. Ninguno
queda excluido. Con esta parábola del viñador Jesús nos consuela. Él mismo, pide al dueño de la viña, su Padre,
que espere un año más. Y entretanto, Él hará todo lo posible e incluso lo imposible,
muriendo por nosotros, para que la viña dé fruto.
El mensaje del Cuaresma es una oportunidad para
mirarnos al interior y desde allí cambiar nuestra vida.
Dios nos da oportunidades para cambiar, y depende de
este cambio, que obtengamos los buenos frutos que Dios espera de cada uno
de nosotros. Entonces herman@s removamos la tierra de nuestra vida y abonémosla
con el abono de la fe, de la misericordia, de la alegría, de la esperanza, de
la paciencia y de la constancia.
¡El cambio está
en nuestras manos!
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